¿Qué han aportado Banerjee, Duflo y Kremer para ganar el Nobel de Economía?

¿Qué han aportado Banerjee, Duflo y Kremer para ganar el Nobel de Economía?

Que la economía existe para dar respuesta a los problemas del ser humano es una obviedad, y dentro de esa obviedad una de las mayores preguntas que nos hacemos los economistas es por qué unos país permanecen en la pobreza mientras otros ver crecer su riqueza.

El Banco Mundial mantiene de hecho su compromiso de lograr poner fin a la pobreza extrema —definida esta como vivir con menos de 1,90 dólares al día—. Ese objetivo tiene fecha límite: 2030. Según sus mismos datos, la proporción de la población mundial que vive en la pobreza extrema bajó al 10 % en 2015 desde el 36% en 1990, pero habiéndose ralentizado el ritmo de descenso recientemente. Siendo unos datos esperanzadores no debemos olvidar que más de 1900 millones de personas, es decir, el 26,2 % de la población mundial, vivían con menos de 3,20 dólares al día en 2015. Cerca del 46 % de la población del planeta vivía con menos de 5,50 dólares al día. Son cifras sin lugar a dudas relevantes.

En el pasado los economistas nos hemos centrado prioritariamente en soluciones a nivel macro, a reformas estructurales de gran escala que pudieran dar la vuelta a situaciones concretas. No podemos negar que en muchas ocasiones las recetas a nivel macro han funcionado, pero parece que ha llegado un punto donde en algunos lugares del planeta esas recetas no terminan de funcionar. Y es complicado analizar el por qué.  Muchas veces se carece de datos, y el resultado es que en última instancia no se logran establecer relaciones causa-efecto más o menos claras y consistentes, que expliquen por qué hay políticas que funcionan y otras que no. De este modo es complicado ofrecer una receta adecuada a cada paciente.

Por eso, el premio de este año parece relevante. El jurado de Estocolmo ha decido otorgar el galardón de manera conjunta a Abhijit Banerjee, la francesa Esther Duflot y el estadounidense Michael Kremer, según la institución, «por su enfoque experimental para aliviar la pobreza global». 

Según la institución las investigaciones llevadas a cabo por estos tres economistas «han mejorado considerablemente nuestra capacidad de combatir la pobreza mundial»

En solo dos décadas, «su nuevo enfoque basado en experimentos ha transformado la economía del desarrollo, que ahora es un campo creciente de investigación».

El Nobel de este año ha premiado a economistas que decidieron dejar atrás los prejuicios acerca de la pobreza, las recetas fáciles (que no han funcionado) y se han arremangado para tratar de comprender lo que pasa a un nivel mucho más micro, acercarse a problemas concretos.

En última instancia se trata de descomponer un problema complejo por ejemplo «mejorar la educación» en problemas más simples por ejemplo, «cómo evitar el absentismo de profesores y/o alumnos». Para dar respuesta a estos problemas no queda otra que acercarse mucho más a ellos.

La metodología que utilizan es muy parecida a la que se utiliza con frecuencia en el ámbito de la Medicina: ensayos controlados donde a una población se le da un medicamento (en este caso se implantan unas medidas) y a otra población se le da un placebo y se ven cómo evolucionan ambas poblaciones en relación a los problemas que se tratan de resolver. En inglés se les denomina randomized controlled trials (RCTs).

Evidentemente, esta metodología no está exenta de críticos. Argumentan que en la economía del desarrollo este tipo de experimentos se han convertido en la norma pero que en muchas ocasiones vienen a confirmar cuestiones que parecen obvias y que en otros, por el mismo diseño del experimento, consiguen ver que se producen unos efectos, pero no son capaces de determinar las causas y los procesos que los provocan.

Desde mi punto de vista este premio, va más allá de la ortodoxia o heterodoxia de los métodos para llamar la atención a los economistas ante varias cuestiones. En primer lugar, el nivel de pobreza existente en el planeta, que las recetas clásicas parecen no poder contrarrestar ya más. Y en segundo lugar, revolucionar en cierto modo la mirada de los que quieren combatir la pobreza, resaltando que pequeños cambios pueden tener resultados impactantes, más allá de las grandes políticas, pero para acometer estos pequeños cambios hay que acercarse a cada comunidad y comprender de cerca lo que pasa y establecer medidas a medida, nunca mejor dicho.

A futuro creo que el presupuesto público de países desarrollados y menos desarrollados irá destinado a planes de actuación que puedan demostrar su eficacia para resolver problemas concretos, más que a medidas de corte ideológico con resultados no probados.

Estos campos de experimentos controlados que proponen los premiados con el Nobel creo que, con sus limitaciones, servirán de ejemplo a seguir en muchos estudios a futuro.

Economistas, ¡a remangarse!

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